Bienvenido a nuestra Galería Virtual

© textos de las entradas: Román Montull (twitter: @eusbio)
biólogo-naturalista / documentalista-divulgador científico.


… entra, mira, disfruta de las imágenes, aprende algo con ellas
y, si alguna te gusta especialmente, puedes llevártela a tu casa !!

– CASI TODOS LOS ORIGINALES MOSTRADOS ESTÁN EN VENTA

(los materiales aquí mostrados tienen todos los derechos reservados ©; para cualquier otro posible uso, por favor,
póngase en contacto con nosotros para su correcta autorización)

viernes, 21 de septiembre de 2012

Ibis, las aves sagradas

Los ibis son un grupo de aves antiguo, cuyo origen se remonta a unos 60 millones de años.
La mayoría de especies anidad en colonias, aunque hay especies solitarias. También vuelan formando bandadas numerosas.
Las migraciones de estas aves han influido en las creencias y leyendas de diversas culturas. El ibis sagrado egipcio se asociaba con las crecidas anuales del Nilo, vitales para la agricultura de la zona. Lo mismo pasaba con el ibis eremita a lo largo del Éufrates y el regreso de la especie en primavera se celebraba con un festival.


Ibis ermitaño (Geronticus eremita).
Llegó a anidar en la zona alpina europea desde la Edada de Piedra hasta el siglo XVII, pero ahora solo se encuentra en pequeñas áreas del Norte de África y el Oriente Medio, como consecuencia de la pérdida de hábitat y de la caza, siendo el status de la especie preocupante.

Todo lo que queráis saber más sobre está especie:

El ibis eremita en el sitio de BirdLife Internacional (en inglés): http://www.birdlife.org/datazone/speciesfactsheet.php?id=3791

sup. izqu: ibis ermitaño (témpera; medidas aprox. original, sin marco: 48 x 30 cm.)
sup. drch: ibis ermitaño, adulto & pollos (témpera; medidas aprox. original, sin marco: 20 x 17 cm.)

inf. izqu: ibis nipón (témpera; medidas aprox. original, sin marco: 48 x 30 cm.)
inf. drch: ibis nipón, plumaje habitual & celo (témpera; medidas aprox. original, sin marco: 15 x 11 cm.)

Ibis nipón (Nipponia nippon). Quizás la especie más amenazada de ibis, dados los escasos efectivos de su población

_________________________________________________________________________________

NOTA: el 25 % de lo obtenido por su venta (caso de venderse las dos especies en bloque o si se trata del ibis eremita solo; … si se vende únicamente el ibis nipón, no se aplica !) se DONARÁ a la campaña de la SEO para la conservación del ibis eremita (blog en esta misma entrada)

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Tiempo de berrea, … y otros celos

El ciervo (Cervus elaphus) es emblemático entre los animales de nuestras sierras, tanto por su relativa abundancia como por su gran tamaño (hasta 140 kg de peso en los machos) y por su imponente cuerna.
Durante la mayor parte del año las hembras viven, junto con los más jóvenes, en rebaños matriarcales con una jerarquía bien definida; aparte hay otros grupos menos cohesionados formados por los machos de más de tres años de edad. Aunque pueden juntarse en grupos de bastantes ejemplares, es poco probable su observación directa ya que la presión humana y su extrema cautela les ha obligado a cambiar sus hábitos diurnos habituales y prefieren salir durante las horas crepusculares y nocturnas.
Durante la mayor parte del año las hembras viven, junto con los más jóvenes, en rebaños matriarcales con una jerarquía bien definida; aparte hay otros grupos menos cohesionados formados por los machos de más de tres años de edad. Aunque pueden juntarse en grupos de bastantes ejemplares, es poco probable su observación directa ya que la presión humana y su extrema cautela les ha obligado a cambiar sus hábitos diurnos habituales y prefieren salir durante las horas crepusculares y nocturnas.

La brama o berrea

(témpera; medidas original, sin marco: 48 x 35 cm.)
típica escena de la berrea del ciervo en una noche de luna llena

Uno de los acontecimientos más espectaculares en la vida de los ciervos (y de toda nuestra naturaleza salvaje) tiene lugar entre finales de verano y principios de otoño, dependiendo de las condiciones ambientales de temperatura, humedad, estado de los pastos, etc., cuando los machos se instalan en zonas despejadas de los territorios de las hembras. Es entonces, al caer la tarde, cuando resuenan en nuestros montes los roncos e imponentes bramidos de los celosos machos, que se prolongarán hasta las primeras horas de la mañana, reclamando para sí la posesión de los harenes de hembras, indicando a los demás machos que están dispuestos a defenderlos ante cualquier intromisión. Llegado el caso, se entablan verdaderos duelos de fuerza entre los candidatos a semental, entrechocando y empujando con las cuernas hasta que el menos fuerte huye al sentirse derrotado.
Estos pulsos pueden repetirse una y otra vez, lo cual, unido al continuo intento de mantener agrupadas a las hembras y al permanente estado de excitación, que apenas les permite comer, provoca pérdidas considerables de peso y llega a dejar a los machos extenuados. Entonces, se retiran a zonas más altas donde se dedican a alimentarse copiosamente hasta que se sienten con poderío suficiente para bajar a retar de nuevo a otros sementales.
Todo este elaborado ritual tiene como finalidad asegurar que se reproducirán los individuos más fuertes y mejor dotados, lo cual aumenta la probabilidades de mantener el patrimonio genético de la especie en un óptimo de calidad.
Una vez se van calmando los ardores del celo, y fecundadas las hembras, los machos abandonan los territorios de éstas.


La cuerna

(témpera; medidas original, sin marco: 11 x 32 cm.)
ciclo anual de la regeneración de la cuerna en los machos


En todo este ritual juegan un papel fundamental las cuernas, estructuras óseas singulares que se renuevan cada año, pasado el período de celo, cuando éstas han perdido su función en los combates entre los machos. Pasado el invierno, caen limpiamente y, de nuevo, son regeneradas en su totalidad, cada vez más grandes y con más ramas o "candiles", por lo que sirven para dar una idea de la edad de los ejemplares.
Al principio de la primavera, se puede encontrar alguna en el suelo del bosque, aunque parece que las ciervas y otros animales (roedores, etc.) las roen rápidamente para aprovechar las valiosas sales minerales acumuladas (fósforo y calcio, principalmente).
Este aparente derroche anual de materia y energía, se explica por el hecho de que estas estructuras tienen que estar en estado óptimo, llegado el momento de las luchas rituales, con el fin de garantizar la mayor probabilidad de éxito en el cortejo y posterior reproducción. De esta manera se asegura que no estarán desgastadas en el momento cumbre de su utilización; pasado éste, representan más bien un engorro para moverse entre la vegetación, y es mejor prescindir de ellas (como es lógico, todo este proceso hay que entenderlo en términos evolutivos y no como una voluntad individual de cada ciervo).
Inmediatamente empieza a desarrollarse la nueva cuerna, protegida por una piel aterciopelada, sensible y muy vascularizada que le suministra los elementos minerales para poder regenerarla con gran rapidez. Una vez desarrollada, el propio ensanchamiento de la base ósea estrangula los vasos sanguíneos que la riegan; la piel se seca y se va cayendo a jirones, proceso que acelera el propio ciervo al frotarse en los troncos de arbustos y pequeños árboles, en donde deja unas marcas características. Y, así, ya está lista para medirse de nuevo con las de los rivales.

 ––––––––––––––––––––––––––––––––––

La cabra montés (Capra hispanica)


(témpera; medidas original, sin marco: 27 x 34 cm.)
escena del típico desafío entre dos machos de cabra montés

Es uno de los ungulados típico de las montañas más agrestes, caracterizado por su aspecto macizo y por su acusado dimorfismo sexual.

Una de las cosas que más llama la atención sobre esta especie, es la impresionante cuerna que presentan los machos. Como en el caso de otros machos del grupo de los rumiantes, su misión principal es la de permitir medir las fuerzas y el vigor de los machos cabríos pretendientes una vez llegada la época de celo (que en este caso se da entre noviembre y enero). 

Estos posibles futuros sementales llegan a ponerse "de pie" sobre sus cuartos traseros para coger impulso y dejan caer todo el peso de su cuerna sobre el contrincante, produciendo unos secos y violentos choques que se multiplican en mil ecos audibles desde todos los rincones de la sierra. Gracias a que los cuernos se asientan en unos sólidos huesos craneales, las cabras están perfectamente capacitadas para aguantar los impactos de esos tremendos testarazos. 

Si los cuernos de los machos sirven para las luchas dentro de la propia especie, los de las hembras, mucho más pequeños y rectos, se utilizan para defender a los chivos de los depredadores, a los que pueden llegar a empitonar. 

De todas formas, la mayor defensa de estos animales, a la que recurren siempre que pueden, es ponerse fuera del alcance del depredador gracias a su proverbial capacidad escaladora que les permite desenvolverse por paredes casi verticales con una gran facilidad. 

La cabra está perfectamente adaptada a moverse por esos terrenos rocosos, agrestes y escarpados, gracias al especial diseño de sus pezuñas; éstas presentan unos cantos exteriores duros, que aprovechan cualquier pequeño saliente de la roca, combinados con unas ásperas suelas, blandas y elásticas, que actúan como antiderrapantes. A eso hay que sumar el hecho de que no hay membrana interdigital, lo que les permite abrir los dos dedos independientemente y que actúen como una "pinza", y la ayuda complementaria de las dos "uñas" traseras que hacen función de freno en los descensos. 

La estructura de las pezuñas no es adecuada para la nieve y el hielo, por ello las cabras evitan los neveros y realizan desplazamientos estacionales en altitud, tanto por necesidades alimenticias como para evitar la propia nieve, tan frecuente en invierno en las montañas donde habitan. Hoy en día, se encuentra acantonada en determinados macizos montañosos a consecuencia de la presión humana. Antiguamente, como prueban sus numerosos restos fósiles y diversas pinturas rupestres, vivía también en la montaña baja y en el llano. 

Las cabras monteses comen todo tipo de vegetales (musgos, líquenes, hierbas, raices, corteza, ramas, etc.) y distinguen perfectamente las plantas o las partes comestibles de las que son venenosas. 


Breves

- Como bóvidos que son, su cuerna es permanente y no se renueva cada año, sino que va creciendo gradualmente. 

- Salvo en la época de celo, los machos forman rebaños separados de los de las hembras y crías. En estos rebaños no parece existir ningun tipo de jerarquía. 

- Durante el celo, los combates entre machos de fortaleza similar pueden durar hasta veinticuatro horas, antes de que uno de ellos se dé por vencido. 

- De las tres-cuatro variedades ibéricas, la lusitanica, o mueyu, está totalmente extinguida desde finales de siglo XIX y la pyrenaica, o bucardo, desapareció hace unos pocos años al caerle un árbol encima al último ejemplar que quedaba.

I Concurso de blogs: el español y la cultura iberoamericana


La Universidad de Alcalá, Madrid Plataforma del Español y Google, con la colaboración de Monografías.com, ponen en marcha el I Concurso de Blogs de enseñanza y difusión del español, que tiene la finalidad justamente de fomentar el buen uso del español en la red así como el conocimiento de la cultura iberoamericana en Internet.
El concurso está abierto a cualquier persona que quiera participar de forma individual, independientemente de cualquier medio de comunicación y que gestione un blog de manera activa.
Así que si tienes un blog y lo actualizas periódicamente,
 ¡Anímate y participa!
Enlace para concursar: http://www.concursoblog.es/
Enlace para votar por galería natural & natural gallery: http://www.concursoblog.es/blog/galeria_natural__natural_gallery/50526a96b1763

martes, 4 de septiembre de 2012

Aguas tierra adentro

Y, siguiendo con los ambientes acuáticos, en la frontera entre el mar y la tierra firme encontramos un rico ecosistema altamente cambiante, por el continuo baile de las variables que actúan en su seno: gradientes de salinidad, subida y bajada del nivel de agua debido a las mareas o a los aportes de los cursos fluviales conectados al mismo, mayor o menor exposición al aire y a la radiación solar, también a consecuencia de todo ello, etc.
Estamos hablando de los estuarios, ecosistema con una rica representación faunística, mezcla muchas veces entre la propia y partes de la de los otros ambientes que allí convergen, y que es capaz de tolerar las cambiantes y drásticas condiciones de ese medio tan peculiar.

(témpera; medidas original, sin marco: 59 x 26 cm.)


Laguna litoral mediterránea
(témpera; medidas con marco: 32 x 22 cm.)

Lago europeo
(témpera; medidas con marco: 32 x 22 cm.)

Ambiente acuático humanizado
(témpera; medidas original, sin marco: 59 x 38 cm.)

Altiplano andino
(témpera; medidas original, sin marco: 59 x 38 cm.)

Ecosistema fluvial ibérico
En principio, podría tratarse de cualquier río de la Península Ibérica, aunque esta ambientación se hizo pensando en la confluencia de aguas de los ríos Cinca-Segre-Ebro, también conocido como L'Aiguabarreig. En ella se encuentra una importante colonia de cría de aves ardeidas.


(témpera; medidas original, sin marco: 64 x 49 cm.)

Los tramos de un río mediterráneo
(témperas; medidas con marco: 54-60 x 64-70 cm.)

miércoles, 29 de agosto de 2012

El mar, cuna de la vida !

Aún en plena canícula veraniega lo que más apetece es seguir realizando actividades relacionadas con el mar, ahora que aún no han llegado las lluvias propias de Septiembre, precursoras de los típicos aguaceros del otoño y que ya refrescarán un poco más el ambiente.
____________________________

Los ambientes marinos ocupan las dos terceras partes de la superficie terrestre y en gran parte semejan áreas desérticas donde solo hay agua y más agua, pero, debajo de la superficie hay todo un mundo complejo, todavía en parte por explotar y primordial como fuente de recursos para la humanidad.

(témpera; medidas original, sin marco: 59 x 27 cm.)

  
Bajo la superficie:
          línea litoral, plataforma continental, mar abierto, fondos con actividad volcánica –fumarolas–

(témpera; medidas original, sin marco: 59 x 38 cm.)

    Arrecifes coralinos, en base a la profundidad y la cantidad de luz disponible

(témpera; medidas original, sin marco: 55 x 35 cm.)


Costa rocosa, con sus pobladores típicos

(témpera; medidas original, sin marco: 35 x 23 cm.)
(témpera; medidas con marco: 42 x 32 cm.)

Fondo sedimentario, con sus pobladores típicos

(témpera; medidas original, sin marco: 34 x 23 cm.)
(témpera; medidas con marco: 42 x 32 cm.)

lunes, 27 de agosto de 2012

Caluroso verano !

Tras un invierno riguroso (ver entrada anterior en este mismo blog: Crudo, crudo invierno !), en la Península Ibérica ahora nos ha tocado aguantar un verano de lo más caluroso –cosa por otra parte habitual–, que se ha traducido en una cifra récord en incendios forestales y superficie arbórea quemadas (ver también entrada en este blog: El BOSQUE, fuente de VIDA (…y los INCENDIOS FORESTALES que la destruyen, año tras año !)) debido a la extrema sequedad ambiental que ha propiciado ese aumento espectacular de incendios (aparte de otras cuestiones más relacionadas con la gestión y la falta de recursos en el apartado de prevención !). Y como siempre las plantas y animales soportan y sufren esas condiciones extremas veraniegas que hacen que su supervivencia sea una continua prueba de aptitud y capacidad de hacer frente a esas condiciones adversas y, como pasa siempre, al final los más aptos en estos duros procesos selectivos sobreviven, al ser capaces de desarrollar una serie de estrategias que en mayor o menor medida minimizan las consecuencias de esa sequía y/o les permiten economizar el agua al máximo que, en definitiva, es de lo que se trata.
Aquí abajo se muestran y explican algunas de estas estrategias concretas habituales por lo que hace a nuestras latitudes

Serie: El ecosistema estacional. Adaptaciones de fauna y flora: - El VERANO - El INVIERNO –
(originales a témpera, sin marco, tamaño 58 x 39 cm, cada uno)

El hábitat
Muchos ríos mediterráneos, sujetos a importantes cambios estacionales, quedan reducidos frecuentemente a simples pozas aisladas entre sí en donde se concentra la fauna, la cual debe estar en condiciones de poder aguantar el aumento de temperatura y la disminución del oxígeno disuelto en el agua, cosa que no siempre pasa ya que se puede llegar a condiciones realmente extremas en ese sentido.
En las charcas más pequeñas se produce una explosión de algas filamentosas y pequeños invertebrados que atraen a un sinfin de aves insectívoras y limícolas. Si han quedado atrapados peces, también atraen a cigüeñas, garzas y algunos mamíferos que buscan su oportunidad de obtener comida fácil.

Las plantas
Muchas plantas, una vez cumplidas sus funciones de dispersión de nuevas semillas, se secan esperando la llegada de una nueva estación favorable en la que éstas germinarán de nuevo. Otras permanecen en estado latente, rebrotando a partir de sus bulbos, etc.
Las plantas se han dotado a lo largo de su evolución de múltiples mecanismos para evitar pérdidas innecesarias de agua: barreras de pelos que dificultan la circulación del aire, pelos reflectantes para amortiguar la radiación, reducción de la superficie foliar, hojas recurvadas, espinas para evitar a los herbívoros, etc.

Los animales
Los animales, al poder desplazarse, suelen evitar el calor adoptando pautas de comportamiento que evitan la exposición a pleno sol, aunque también pueden presentar mecanismos fisiólogicos especializados. Los animales buscan refugio durante las horas más calurosas del día, saliendo en las horas del amanecer y el crepúsculo, más frescas. Se esconden en sus madrigueras o permanecen a la sombra, donde las condiciones microclimáticas se hacen más soportables. 

Aquí se ejemplarifican algunas estrategias concretas al respecto:
– Algunos anfibios y reptiles llegan a estivar, permaneciendo aletargados cuando el calor es muy intenso. Se entierran en le fango o en lo más profundo de grietas
– El sapo de espuelas, gracias a las proyecciones córneas de sus patas posteriores, que utiliza a modo de palas, excava madrigueras donde permanece escondido durante el día; por la noche sale a cazar al lado de las charcas.
– Los Triops, crustáceos anostráceos, auténticos fósiles vivientes, pueden permanecer en estado latente durante 25 años, en espera de que vuelvan a llenarse las charcas temporales donde viven. Lo consiguen gracias a sus huevos resistentes a la sequía.
– Muchas aves vienen a alimentarse y reproducirse en nuestras latitudes, marchándose en la estación desfavorable a sus cuarteles de invierno, situados en África tropical. Una de las más llamativas por su bello plumaje, de las que nos visitan cada primavera y se van a final de verano, son los abejarucos.
– Los milanos son rapaces de mediano tamaño, dotadas de una gran maniobrabilidad en vuelo, que no desaprovechan las ocasiones de atrapar o pescar algún pez muerto o moribundo.
De las dos especies de milanos de nuestra fauna, el negro es migrador mientras que el real es sedentario.
– Los mamíferos se desprenden de la gruesa capa protectora de pelo del invierno, mostrando un aspecto más grácil.
– Los cánidos, como el zorro o el lobo, no tienen glándulas sudoríparas en su piel. Para poder liberarse del calor acumulado tienen que jadear continuamente.
– Ciervos y gamos enarbolan casi totalmente desarrolladas sus magníficas cornamentas, aún con la borra protectora a principios de verano, las cuales tendrán que estar listas para los combates nupciales que se desarrollarán en el próximo otoño.

martes, 7 de agosto de 2012

Desiertos

Las zonas desérticas y subdesérticas se ubican en regiones donde no llegan los vientos cargados de humedad, son zonas de altas presiones permanentes. La precipitación anual, en los desiertos propiamente dichos, no sobrepasa los 250 litros por metro cuadrado o, bien, puede pasar ese límite pero estar distribuidas muy irregularmente a lo largo del año. Las regiones semiáridas presentan precipitaciones que van desde esa cantidad hasta los 700 litros por metro cuadrado, según sea su régimen.
Hay diversas categorías de desiertos, según sean sus características: desiertos continentales fríos, como el del Gobi asiático; desiertos cálidos tropicales, como el Sáhara africano; y desiertos de franja de costa oeste, como el de Atacama sudamericano.
Pese a sus duras condiciones ambientales, los desiertos albergan todo un ecosistema de formas vivas que han conseguido adaptarse a ese medio hostil mediante estrategias muy elaboradas que tienden a minimizar la pérdida de agua o a utilizarla muy eficazmente, así como medidas para suavizar en lo posible el tórrido calor diurno o el intenso frío, según sea el caso.

 (témpera; medidas aprox. original, sin marco: 58 x 28 cm.)

El desierto del Gobi es el más grande y conocido de los de tipo frío. Esta situado en un altiplano centroasiático a una altura de unos 1000 metros sobre el nivel del mar, a donde no llegan las nubes cargadas de humedad de los monzones ya que la barrera del Himalaya las frena. Presenta temperaturas extremas que van de 45 ºC en verano hasta los –40 ºC en invierno, debido a los vientos gélidos y secos que provienen del Ártico.

El desierto de Atacama, uno de los desiertos más secos del mundo, sigue una franja costera de 3.700 km de longitud limitada entre el Océano Pacífico y la Cordillera de los Andes, la cual actúa como barrera de los vientos húmedos provenientes del este. En el oeste, los vientos fríos y secos del Pacífico, se calientan y ascienden por las laderas hasta formar zonas de niebla en ciertas altitudes, pero, sin llegar a descargar lluvia más abajo, de ahí la existencia de este desierto.

El desierto del Sáhara es el desierto más extenso y cálido del mundo y presenta zonas donde pasan años sin caer una sola gota. Dentro del mismo se presentan diferentes tipos de paisajes, según sea su geología (justo, aquí abajo, se pueden ver algunos bloques esquemáticos donde aparecen todos los tipos):
hamadas, o grandes mesetas rocosas; regs, extensiones enormes cubiertas de piedras y guijarros; y los ergs, extensas áreas cubiertas de arenas y dunas móviles. En medio pueden encontrarse algunos macizos montañosos rocosos.


(témpera; medidas aprox. original, sin marco: 26 x 20 cm.)
(ambos bloques también pueden montarse por separado)




En el desierto norteamericano también encontramos algunas de las típicas adaptaciones de plantas y animales a estas condiciones de extrema aridez:
- plantas con duras cutículas y espinas, como los cactus, a fin de evitar la pérdida de agua, tanto por evapo-transpiración, como a consecuencia del ramoneo de los herbívoros.
- explosión puntual de la floración y desarrollo de un ciclo vegetativo rápido por parte de muchas plantas, aprovechando al máximo las lluvias que se dan solo en ciertos períodos o en forma de tormentas puntuales.
- aprovechamiento de madrigueras o inactividad diurna por parte de roedores, reptiles, anfibios, etc. para suavizar un tanto los efectos del intenso calor.
- aprovechamiento de las charcas temporales que se forman tras las precipitaciones, por parte de los anfibios, que presentan un rápido ciclo de crecimiento. Capacidad para enterrarse y aletargarse para sobrevivir a períodos más secos. 
- cutículas provistas de gruesas escamas córneas en el caso de los reptiles a fin de evitar la pérdida de agua por transpiración. 
- etc. 

(témpera; medidas aprox. original, sin marco: 40 x 26 cm.)

(témpera; medidas aprox. original, sin marco: 34 x 12 cm.)

(hay la opción de hacer un solo montaje con estas dos últimas ilustraciones con medidas aprox., sin marco: 40 x 40 cm.) 

jueves, 2 de agosto de 2012

Praderas & Estepas, el reino de la hierba

Las praderas constituyen extensa regiones cubiertas básicamente de hierba, sobre todo gramíneas. Se encuentran ubicadas en el interior de los continentes, donde la precipitación anual no es demasiado alta. El gradiente en las precipitaciones determina la mayor o menos calidad del suelo y el hecho que las hierbas de la pradera sea de un porte más alto o menos, llegando a convertirse en estepa o semidesierto cuando la precipitación es muy baja y las hierbas son muy bajas. Las plantas se han adaptado a ese ambiente y hay una producción óptima durante todo el año ya que el desarrollo de unas se complementa con el de las otras a lo largo de las estaciones. En las zonas de mayor humedad o siguiendo los cursos de agua se pueden encontrar formaciones arbustivas o pequeños bosquetes aislados.
El suelo se caracteriza por tener gran abundancia de materia orgánica, ya que las gramíneas tiene un período de vida relativamente corto y su materia muerta se acumula en el suelo y se va descomponiendo de manera lenta por la falta de lluvias abundantes, formando un rico humus.
Aquí abajo podemos ver tres ejemplos típicos de pradera, de izquierda a derecha: la norteamericana, la sudamericana (la pampa) y la estepa asiática, con una representación de sus especies más típicas.

 (témpera; medidas aprox. original, sin marco: 59 x 28 cm.)

En esta ilustración podemos ver un corte muy esquemático de la pradera sudamericana, formado por una región llana y ligeramente ondulada; constituye el territorio herbáceo - estépico más extenso del hemisferio sur, con casi medio millón de kilómetros cuadrados, distribuidos entre Uruguay, Brasil y Argentina.
Representadas tres de las especies animales más comunes que viven en la misma: la liebre mara, la vizcacha y la lechuza de las vizcacheras.



Los suelos de la pradera son de lo más productivo y han sido utilizados desde siempre para el cultivo de cereales. La intensa explotación a que se ven sometidos provoca su degradación y se suma a la acción erosiva del viento y del agua. Las praderas norteamericanas se vieron inmersas en ese proceso y, en 1934, un tornado levantó 300 millones de toneladas de tierra fértil, lo que significó la ruina para miles de granjeros. Para frenar en lo posible la erosión del suelo, se plantaron árboles a modo de barreras naturales para el viento y se adoptó un sistema rotativo de roturación de la tierra.



Sabanas, paraísos para la fauna

Estas formaciones vegetales donde predomina la vegetación herbácea, sobre todo las gramíneas, y con plantas leñosas más o menos dispersas en diferente grado son propias de la zona de los trópicos y adyacentes. Su existencia viene determinada por factores climáticos y de tipo de suelo, aunque también influyen mucho los incendios periódicos que modelan su morfología.
En cuanto al clima, hay una alternancia de estaciones secas y húmedas. Como el suelo suele tener poca capacidad de retención de agua, en la estación seca todo está muy reseco y propenso a ser arrasado por grandes incendios, ya sean provocados por los rayos de las tormentas como por los propios hombres. El fuego impide que se desarrolle en exceso el estrato arbustivo y arbóreo y favorece la componente herbácea, ya que también mineraliza el suelo y facilita el rebrote de las hierbas, ya de por si muy adaptadas a ese ciclo, con las primeras lluvias.
Aparte de la archiconocida sabana africana que todos hemos visto infinidad de veces en los documentales de fauna, existen también formaciones de ese tipo en Australia y, sobretodo en América del Sur, donde presentan tipos diferenciados muy característicos.

 (témpera; medidas de tira original superior, sin marco: 59 x 28 cm.)
 (témpera; medidas de tira original inferior, sin marco: 59 x 25 cm.)
(témpera; medidas montaje original ambas, sin marco: aprox. 59 x 55 cm.)

En Sudamérica, las formaciones de sabana se extienden más allá de los trópicos, llegando incluso hasta la mitad sur de Argentina. Aparte existen diferentes formaciones tipo sabana, asociadas cada una de ellas a un tipo de formación vegetal diferente.

Los Llanos están más asociados a las selvas ecuatoriales, básicamente ocupando una inmensa llanura sobretodo en la margen izquierda del Orinoco, a través de Venezuela y Colombia. En la época húmeda se producen grandes inundaciones por el desbordamiento de los ríos que los atraviesan al ser el terreno arcilloso e impermeable y constituyen un paraíso para la fauna. En la época seca, todo se reseca y mucha fauna desaparece y la otra tiene grandes dificultades para sobrevivir hasta que regresan las lluvias. Las palmeras son elementos bastante conspicuos en este ambiente y están siempre asociadas a suelos con alto nivel freático.
Los Cerrados típicos del trópico, son los que presentan mayor diversidad de especies vegetales y presentan un amplio mosaico de hábitats, según predominen más las formaciones herbáceas o las leñosas. Se extienden básicamente por el altiplano de Brasil.
El Chaco se asocia más a los bosques xerófilos y a las estepas de climas fríos. Predominan las especies vegetales leñosas con espinas, de hoja decídua, y es rico en formaciones herbáceas, que ocupan áreas muy variadas, desde húmedas a muy secas, dando lugar a una variedad de tipos de chaco diferentes (chaco húmedo - chaco serrano - chaco seco). Muy extendido en el S de Bolivia, el O de Paraguay, el SO de Brasil y el N de Argentina, formando una inmensa llanura con ligeras depresiones.



La sabana no es una formación totalmente uniforme sino que presenta diferentes tipos de cobertura arbórea, según sea la naturaleza del suelo y el régimen de precipitaciones existente. Aparte puede estar cruzada por ríos y riachuelos que aportan el bosque de galería asociado y que le dan al conjunto una mayor variedad de hábitats, con el consiguiente aporte de recursos diversos que hacen que haya una superposición de las especies de fauna asociada a cada uno de esos ambientes provocando una mayor diversidad, sobre todo en las zonas de transición entre ambientes diferentes.

(témpera; medidas original: 48 x 23 cm.)

Las especies que ocupan un mismo nicho ecológico compiten entre si y, al final, una de ellas acaba desplazando a la otra (principio de la exclusión competitiva). Es por ello que las especies van evolucionando para explotar de manera diferencial los recursos disponibles en un mismo lugar y acaban así, de alguna manera, complementándose. Así, en las inmensas sabanas africanas, los ramoneadores (jirafa, gerenuk, dik-dik) explotan los diferentes niveles de acacias y arbustos, comiendo hasta la altura que les permiten su propia altura y sus estrategias de alimentación. Al igual que ocurre con los ramoneadores, los herbívoros que pastan también lo hacen a diferentes niveles, explotando la hierba con diferentes profundidades de corte (desde las cebras, que explotan las hierbas altas y los brotes tiernos, pasando por los ñus, que comen las hojas y vainas, hasta los tallos más cortos y secos que son consumidos por las gacelas y por los topis, que son capaces de aprovechar hasta las briznas más cortas)

lunes, 30 de julio de 2012

Grandes BOSQUES centro-sudamericanos

BOSQUES centro-sudamericanos. Debido a las grandes variaciones de latitud y altitud existente en el subcontinente americano austral podemos encontrar formaciones boscosas muy diferentes, desde los bellos bosques subantárticos o andino-patagónicos de más al sur, hasta las formaciones selváticas de diferentes tipos que podemos hallar en la zona tropical, más calurosa.

(témpera; medidas original, sin marco: 59 x 38 cm.)

El bosque andino-patagónico se extiende en una gran franja que va desde la provincia de Neuquén hasta Tierra de Fuego, bajo el marco incomparable de las nevadas cumbres andinas y regados generosamente por innumerables ríos y lagos de aguas color turquesa. De norte a sur, su composición va variando, atendiendo a factores tales como la precipitación, la altitud, el tipo de suelos, orientaciones orográficas, etc. En el norte predominan los bosques de araucarias, en la región central, con precipitaciones muy abundantes, que rondan los 3000 l/m2 anuales, es donde se alcanza la mayor frondosidad y diversidad de especies de flora y fauna, una muestra de la cual puede apreciarse en la ilustración mostrada.
______________________

Todas las formaciones vegetales que nos podemos encontrar viajando por el subcontinente meridional irán cambiando según sea la precipitación anual total, pero también su distribución mensual a lo largo del año, que puede determinar factores como la altura de la vegetación, su porte más o menos leñoso, la estructura tipo bosque o más tipo sábana, la existencia de un periodo seco con la consecuente aparición de especies de hoja caduca, etc.
Aún en las zonas de latitud más cálida, y siguiendo un gradiente oeste-este, encontraremos un variado mosaico de formaciones (ilustración de aquí abajo) que van desde el desierto totalmente árido, pasando por formaciones con cada vez mayor predominio vegetal hasta llegar al exuberante bosque lluvioso tropical, siempre verde y con una enorme biodiversidad de especies de todo tipo. Ello viene determinado por la gran influencia ecológica de la cordillera de los Andes, que actúa como una enorme barrera que reorganiza el sistema de vientos y de precipitaciones y, consecuentemente, todo el clima asociado al relieve.

(témpera; medidas original, sin marco: 37 x 23 cm.)

En el apoteosis de la exuberancia y diversidad biológica máximas encontramos el bosque lluvioso tropical, cuya estructura está formada por sucesivos estratos de vegetación, a modo de capas no siempre bien definidas. Normalmente se pueden encontrar tres estratos arbóreos de diferentes alturas, además de los correspondientes arbustivo y herbáceo. En el arbóreo más alto, se encuentran los grande árboles que sobresalen aislados del dosel forestal, bastante más túpido y uniforme que constituye el segundo nivel, por debajo de éste puede haber un tercer nivel aún más túpido y denso, formado por árboles de menor porte. Cada nivel presenta una composición florística, y también faunística, propia y bien diferenciada.


En un mundo tan denso, donde la lucha por acceder a la luz para poder realizar la fofosíntesis con mayor eficacia es una estrategia de supervivencia, no es de extrañar que hayan surgido y predominen un sinfín de especies tipo lianas y plantas epífitas, las cuales aprovechan el soporte o que les brindan otras plantas para poder acceder a la luz existente en los niveles superiores de la selva. La diversidad existente de este tipo de plantas es enorme y poseen estrategias de diversos tipos tendentes a aprovechar al máximo la escasedad de "suelo" disponible y a captar y conservar el agua que necesitarán para sobrevivir a las condiciones muchas veces xerófilas que se dan a esa altura. Muchas de estas plantas acogen poblaciones o especies de fauna especificas que se aprovechan del microhábitat que la propia planta ha creado entre sus tupidas hojas y/o raíces.

(témpera; medidas original, sin marco: 36 x 41 cm.)

La selva amazónica es el ejemplo típico de este tipo de bosques lluviosos tropicales, con una temperatura casi constante, de unos 27 ºC, y el aporte de humedad que le proporcionan las lluvias casi continuas debidas a la influencia de los vientos alisios. Esta estabilidad climática a lo largo de muchos milenios ha propiciado una estabilidad que solo ha hecho que aumentar hasta límites increíbles la complejidad del ecosistema y la diversificación de formas vivientes de todo tipo que habitan en su seno. De todas formas, esa complejidad también esconde un ecosistema por otro lado frágil, el cual puede verse alterado de manera irreversible si no se hace una gestión adecuada del mismo, conociendo muy bien los ciclos de los nutrientes que se producen en su seno.
La destrucción en ese sentido ha sido ya inmensa y deberíamos hacer lo imposible por conservar en un buen estado estas inmensas extensiones arboladas únicas, porque nos pueden aportar un sinfín de recursos básicos para nuestra propia supervivencia como especie.

(témpera; medidas original, sin marco: 59 x 38 cm.)

miércoles, 25 de julio de 2012

El BOSQUE, fuente de VIDA (…y los INCENDIOS FORESTALES que la destruyen, año tras año !)

Los bosques ibéricos
Diversas pinceladas de algunos de los ambientes boscosos típicos de la Península Ibérica, con las especies de fauna asociada más características. Ricos ecosistemas que hay que conservar a toda costa, en su estado más natural posible !!!.

Aquí abajo se muestran, de manera muy escueta, dos de los ambientes representativos de la rica diversidad de hábitats consecuencia de la variada orografía que puede encontrarse en la península. A la izquierda, la dehesa ibérica y el monte mediterráneo, donde cría una de las especies más emblemáticas de ese ambiente, la amenazada águila imperial ibérica (Aquila adalberti). A la derecha, las zonas montañosas presentes en diferentes puntos de la geografía ibérica, con sus bosques de coníferas de pinos silvestres y pinos negros, donde es posible observar encaramadas a los agrestes riscos a las montaraces cabras monteses (Capra pyrenaica) y, en las zonas mejor conservadas, deleitarse con el vuelo de esa bella y escasa rapaz necrófaga, el majestuoso quebrantahuesos (Gypaetus barbatus).

(témpera; medidas original, sin marco: 59 x 38 cm.)



(témpera; medidas original, sin marco: 59 x 38 cm.)


En los PIRINEOS. En este corte transversal de los Pirineos puede apreciarse como los bosques van cambiando conforme cambia la altitud, al igual que ocurre en otras cadenas montañosas, como consecuencia de sus diferentes adaptaciones para poder conservar la humedad necesaria y aguantar la insolación existente, según las diferentes orientaciones del terreno. De menor a mayor altitud, en la ladera sur y solanas -izquierda de la ilustración-, se observa la típica zonación de encinares, diferentes tipos de robledales, pinares de pino silvestre y de pino negro, pastizales de altura y peladas rocas y/o neveros. En algunas zonas mas umbrías y sobre todo en las laderas con orientación norte -derecha de la ilustración- también hay extensas franjas de hayedos, por debajo del nivel de los pinos. En cada nivel de vegetación puede verse alguno de los representantes faunísticos más típicos del mismo.


El encinar
El bosque mediterráneo más representativo es el encinar, adaptado a una cierta sequedad, pero, muy frondoso y lleno de lianas allá donde la humedad así lo permite. Presenta una rica variedad de hierbas y arbustos y todo tipo de plantas trepadoras que constituyen el hábitat ideal para muchas especies de la fauna ibérica, algunas de ellas representadas en las dos ilustraciones de abajo. A la izquierda de la ilustración, formando una especie de bosque muy abierto, la dehesa, debida a una cierta intervención humana, modelo muy rico en especies que ha propiciado un equilibro casi perfecto entre la explotación de los recursos naturales y la abundancia de biodiversidad. A la derecha de la ilustración y en siguiente de abajo, el típico encinar frondoso, con sus especies características.

(témpera; medidas original, sin marco: 59 x 34 cm.)

(témpera; medidas original, con marco: 32 x 26 cm.)

El bosque templado
Otro bosque típico de nuestras latitudes, allá donde el suelo y la humedad lo permite, y de gran parte de la Europa Central, es el bosque templado formado por árboles planifolios de hoja caduca: robles, hayas, etc., caracterizado por tener suelos húmedos y fértiles más o menos profundos y por el gran cambio de aspecto estacional que presenta, según sea primavera-verano u otoño-invierno, sobretodo debido a la presencia-caída de las hojas, consecuencia de la adaptación a la mayor o menor radiación y la consecuente capacidad de respuesta fotosintética necesaria para un balance energético positivo que posibilite el crecimiento de los árboles que lo forman. Todos esos cambios hacen que sea un bosque del todo espectacular en su conjunto ya que, a lo largo del proceso de crecimiento-pérdida de hojas, los colores de los pigmentos predominantes en las mismas van manifestándose de manera diferencial y hacen que el bosque en su conjunto, en algunos momentos, sea como una inmensa paleta de colores.

(témpera; medidas original, sin marco: 59 x 27 cm.)

En estas dos ilustraciones, pueden verse las especies más típicas que forman el entramado básico de la comunidad que habita los bosques tipo robledal

(témpera; medidas original, sin marco: 26 x 19 cm.)

(témpera; medidas original, sin marco: 30 x 21,5 cm.)

Dos pinceladas muy básicas de ambientes forestales: cada rincón está lleno de vida y cada especie explota su nicho de la manera más efectiva posible

(témpera; medidas totales, con marco: 27 x 22 cm.)
__________________

INCENDIOS, la lacra de cada verano !!
Con una enorme pena por los incendios que asolan una y otra vez los paisajes mediterráneos, especialmente dramáticos este año 2012, como consecuencia de un cúmulo de nefastas circunstancias tales como: la gran sequedad existente, la falta de adecuadas políticas de gestión sostenible de los bosques que hacen que se potencien las especies resinosas una veces y que se acumule gran cantidad de masa vegetal inflamable en el sotobosque en otros casos, el recorte irresponsable en medidas preventivas y de recursos para la extinción por parte de las administraciones públicas y, sobretodo, la inconsciencia o mala fe y supina ignorancia por parte de algunas personas (o mejor energúmenos, en algunos casos !) que, con sus actos voluntarios o involuntarios, provocan unos daños terribles en todo el ecosistema y en los bienes públicos y privados -cuando no muertes directamente–, que tienen muy difícil reparación y destrozan lo que a la naturaleza y las personas les ha costado muchísimo tiempo y esfuerzo ir construyendo poco a poco. Todo ello constituye una gran perdida de riqueza, ya que los bosques:

- protegen el suelo contra la desertización
- refrescan el ambiente y palían la sequía
- producen el oxígeno que respiramos
- eliminan el dióxido de carbono que causa el "efecto invernadero"
- limpian el aire de polvo y contaminantes
- son lugar de descanso y ocio
- producen gran cantidad de frutos útiles o saborosos (bellotas, castañas, piñones, etc.)
- nos dan un sinfin de alimentos (mermeladas, miel, setas, etc.) y materias primas (madera, corcho, pasta de papel, etc.)
- constituyen el hogar de muchas especies de animales

Cuando se queman, perdemos una incalculable riqueza ecológica y una gran fuente de beneficios de todo tipo para toda la humanidad.

El antes y el después del incendio
Dadas las características del clima mediterráneo, en determinados momentos concurren ciertas circunstancias que hacen inevitable la existencia de incendios forestales; por ejemplo: los provocados por los rayos de las tormentas secas cuando se dan sequías persistentes y que pueden extenderse rápidamente por la acción del viento. A estos incendios, que vienen produciéndose desde siempre, la vegetación ha tenido tiempo de adaptarse e incluso a veces son favorables para el desarrollo de la misma y las especies de esas comunidades vegetales presentan estrategias tendentes a  minimizar los daños producidos por el fuego o a utilizarlo como medio de dispersión de semillas.

El problema es el gran aumento y la repetición de los incendios en un periodo de tiempo relativamente breve, como los experimentados en las últimas décadas, tanto en número de incendios como en extensión quemada, favorecido en gran medida por los cambios producidos en el propio mundo rural y en los usos o mala gestión del bosque, que ya hemos comentado antes. Ello ha comportado el abandono de muchos cultivos y su posterior recolonización por un bosque todavía joven, es decir en las primeras fases de su sucesión hacia un ecosistema maduro, con una preponderancia de especies altamente inflamables. Por contra, muchos de los bosques que antes se explotaban para sacar madera, ahora están semiabandonados por su baja rentabilidad, lo que provoca un crecimiento excesivo de la masa del sotobosque, la cual, cuando llega el incendio, es un excelente combustible que ayuda a magnificar el fuego y a extenderlo.

A eso hay que sumar la sequía producida en acuíferos y fuentes por la excesiva demanda de agua para usos humanos diversos y la proliferación de infraestructuras (urbanizaciones, líneas eléctricas, vertederos, etc.) cerca de las masas boscosas para satisfacer a un creciente turismo, muchas veces poco respetuoso con el medio que visita y causa directa de un determinado porcentaje de los incendios.

(témpera; medidas original, sin marco: 26 x 8 cm.)

¿Y después qué?
Si bien el aspecto del terreno tras un incendio es desesperanzador, no todo está perdido. La naturaleza tiene mecanismos de regeneración, mediante los cuales los bosques pueden recuperarse. Tal como ya hemos comentado, la regeneración de un bosque quemado se inicia gracias a ciertas estrategias que muchas plantas han adquirido tras años de evolución en la zona mediterránea, donde nunca han sido raros los incendios forestales. En este sentido, podemos mencionar tres tipos de estrategias en las plantas afectadas:

Las plantas PIRORRESISTENTES (resistentes al fuego) tienen algunas partes de su cuerpo muy bien protegidas, de manera que no se llegan a quemar y reverdecen poco después de un incendio. Destacan los alcornoques, que gracias a su gruesa corteza sólo pierden las hojas, y también una serie de arbustos y árboles que tienen la capacidad de rebrotar rápidamente desde sus raíces, tales como encinas, robles, madroños, brezos, palmitos, etc.
Las plantas PIRÓFITAS ("amantes" del fuego) son muy combustibles pero poseen semillas que no se queman. Por ello resultan menos perjudicadas que las otras plantas por los incendios y es típico ver que pinos, jaras, aliagas y romeros se han extendido notablemente por las zonas quemadas al cabo de 3 o 4 años.
Las plantas OPORTUNISTAS son hierbas que producen muchas semillas que germinan y crecen muy rápido en terrenos descubiertos. Tienen gran importancia ecológica tras los incendios, ya que protegen el suelo de la erosión y suponen una fuente de alimento para los animales supervivientes.

Desde los días siguientes al incendio todas estas estrategias entran en funcionamiento. Dentro del primer mes ya es posible ver los primeros rebrotes de las plantas pirorresistentes y, a poco que llueva, germinan las primeras semillas. Al cabo de uno o dos años el terreno es ya un herbazal con pequeños arbustos, y a los 10 o 15 años un matorral bajo con pequeños pinos lo recubre en buena parte. A partir de los 30 años el matorral es alto y los pinos están lo suficientemente crecidos para dar un cierto aspecto de bosque, pero habrá que esperar, en la región mediterránea, hasta unos 100 años para poder hablar de un verdadero bosque. A los 150 años, por fin, el bosque será un ecosistema maduro, con grandes árboles y una fauna propia, y habrán desaparecido todas las secuelas del incendio.




… pasado el incendio
Que el remedio no sea peor que la enfermedad … Una vez pasado el incendio no hay que precipitarse con trabajos de repoblación a ciegas; éstos solo son aconsejables cuando se trate de sitios con muy poca cobertura vegetal y mínima capacidad de rebrote y siempre valorando las características del suelo, para evitar una erosión o pérdida de éste con las propias labores, factor importantísimo a tener en cuenta. Muchas veces, la propia regeneración natural es mucho más aconsejable que cualquier actuación humana. En cualquier caso, siempre es conveniente el asesoramiento o la realización de un estudio previo hecho por especialistas, que aconsejen las actuaciones óptimas a llevar a cabo.
En caso de tener que repoblar, hay que utilizar especies autóctonas y facilitar el proceso natural de la sucesión propia de ese ecosistema a fin de aumentar su estabilidad y optimizar su potencial biológico intrínseco. Así, en solanas con vegetación muy degradada, para evitar la pérdida de suelo fértil durante los primeros años, se plantan herbáceas (gramíneas y leguminosas), tanto anuales como perennes, cuyos sistemas de raíces sujetan y retienen el suelo y mejoran la fijación de los nutrientes, proceso que facilita al posterior colonización por parte de plantas con mayores requerimientos. En otras comunidades se añaden plantones de determinadas especies de arbustos: espino negro, lentisco, brezo, etc. para asegurar una mayor cobertura vegetal que dé estabilidad al conjunto.
Donde se ha perdido la cubierta arbórea, es aconsejable utilizar caducifolios mezclados con pinos, previamente preparados en los viveros a fin de aumentar su supervivencia una vez plantados en el monte.


Desertización
Este largo proceso de regeneración natural puede verse interrumpido por causas naturales o, la mayoría de las veces, por actuaciones inadecuadas del hombre.
Así, las repoblaciones forestales con pinos y eucaliptos (que son pirófitos, o sea, muy combustibles) favorecen la aparición de más incendios (esta problemática está muy extendida en Galicía). De hecho es frecuente que los incendios se repitan cada 20 o 30 años, si no más a menudo, en las mismas zonas, lo que dificulta la regeneración natural del propio bosque.
Por otra parte, cuando se trabaja en una zona recién quemada para aprovechar la madera, el suelo se remueve, y esto facilita la acción erosiva de las lluvias torrenciales, tan frecuentes en la Península Ibérica. El resultado de todo ello puede ser que el terreno pierda su capa de suelo y, por tanto, se vuelva estéril para el crecimiento vegetal.
Por desgracia, amplias zonas de nuestro país se encuentrán ya de pleno en esta fase desertización.