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© textos de las entradas: Román Montull (twitter: @eusbio)
biólogo-naturalista / documentalista-divulgador científico.


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viernes, 2 de marzo de 2012

Protozoos

Desde que en 1675, Leuwenhoek descubrió el mundo de los protozoos con sus lentes de aumento, que él mismo construía, se ha llegado a conocer muchísimas más cosas sobre los mismos y catalogado un número muy grande de especies en los diferentes y variados hábitats en que se desarrollan sus poblaciones. Los protozoos presentan tamaños de fracciones de milímetro, por lo que no son visibles a ojo desnudo, y su cuerpo está formado por una sola célula. Se alimentan básicamente de materia orgánica, bacterias y de otros protozoos más pequeños

(tinta & acuarela; medidas original: 21 x 26 cm.)

Poseen estructuras especializadas para la locomoción, tales como: flagelos, cilios y pseudópodos, de los que se pueden apreciar ejemplos varios en las ilustraciones que aquí se muestran
(tinta & acuarela; medidas original: 12 x 18 cm. –cada uno–)

Así, en base a su sistema de locomoción, los Protozoos se clasifican en tres grandes grupos: los Flagelados, que se desplazan agitando una especie de "latigo" o flagelo que sobresale de sus cuerpos –pueden tener más de uno, tal como se ve en uno de los ejemplos ilustrados: el Bodo– . Los Sarcodinos presentan pseudópodos como método de locomoción, mientras que los Ciliados se mueven mediante el uso de unas hileras de pequeños cilios que vibran en una especie de ondas sintonizadas. Dentro de los Sarcodinos, en el grupo de los Radiolarios encontramos protozoos con pseudópodos rígidos y que poseen bellos esqueletos de sílice, frágiles y transparentes, de forma más o menos esférica, los cuales se depositan en los fondos marinos al morir aquellos, formando los "barros de radiolarios" característicos. Son el grupo de protozoos más antiguo que se conoce gracias a estos esqueletos que se han conservado en el registro fósil desde hace más de 500 millones de años. Un subgrupo dentro de los Radiolarios es el formado por los Acantarios, cuyo esqueleto está formado por sulfato de estroncio en vez de sílice, con una disposición en forma de agujas caracerística.

Un representante típico de los Ciliados es la Vorticella, que únicamente presenta cilios alrededor de la abertura bucal o cistostoma. Vive fijada al sustrato mediante un pedúnculo contráctil que le permite retraerse cuando se siente amenazada.

Dos de los protozoos más conocidos por todos son la ameba y el paramecio. La ameba (del grupo de los Sarcodinos) se desplaza mediante la proyección diferencial de sus pseudópodos y atrapa las presas rodeándolas con alguno de ellos, hasta que acaba fagocitándola. El paramecio (del grupo de los Ciliados) presenta numerosas bandas de cilios alrededor de todo su cuerpo, con los que consigue desplazarse rápidamente al generar pequeñas corrientes con ellos, también los utiliza para impulsar y dirigir sus presas hacía una especie de embudo "boca" o citostoma.

(tinta & acuarela; medidas original: 18 x 13 cm.)

martes, 28 de febrero de 2012

Microorganismos

Microorganismos
En la entrada anterior hacíamos referencia al mundo de los dinosaurios, algunos de cuyos representantes constituyen los mayores seres vivos que han habitado nuestro planeta. Sin embargo, desde el inicio de la evolución de la vida en la Tierra han existido y posteriormente diversificado, primero en el mar y luego por todo el resto de ambientes posibles, infinidad de organismos de tamaño microscópico, sin cuya existencia sería imposible el funcionamiento de los ecosistemas tal como lo conocemos, ya que intervienen en los múltiples procesos vitales que se dan en la Biosfera. 

Bacterias
En el nivel más básico de organización encontramos a las bacterias, siendo su tamaño tan pequeño que pueden llegar a encontrarse varios miles de millones de ellas en una simple cucharadita de tierra, lo mismo ocurre en el interior de cualquier otro organismo superior, ya que muchas viven como simbiontes dentro de sus cuerpos. Algunas otras son parásitas y provocan graves enfermedades
Las hay de muchos tipos diferentes, atendiendo al medio donde viven, con o sin presencia de oxígeno, o al tipo de alimentación y metabolismo que presentan.

(medidas original: 21 x 21 cm. –sin contar marco–)


Protozoos
En un nivel más elevado de organización biológica, encontramos a los protozoos, que presentan una gran diversidad de formas atendiendo al medio donde viven y a sus diferentes modos de vida.
Aquí se pueden ver dos representantes de los mismos: a la izquierda, un protozoo simbionte, Joenia annectens, que vive en el interior del intestino de las termitas, ayudando a éstas a poder digerir la celulosa de la madera con la que se alimentan; a la derecha, un protozoo foraminífero, con su caparazón protector de carbonato cálcico, a través de cuyos poros sobresalen las finas prolongaciones (pseudópodos) del citoplasma de la célula que forma el protozoo, estas prolongaciones se entretejen en una especie de malla exterior que les ayuda a capturar a sus presas. Sus caparazones calcáreos pueden presentar una sola cámara o varias y, al morir sus ocupantes se sedimentan en el fondo y acaban formando parte importante de las partículas de arena de muchas playas. Los foraminíferos son un grupo totalmente marino y se encuentran en la base de la cadena alimentaria marina de muchos otros organismos.

(medidas original: 25 x 11 cm. –sin contar marco, ni extras–)

Tal como ya se ha mencionado, muchos microorganismos viven como simbiontes dentro de otros organismos a los cuales pueden ayudar en sus funciones básicas de supervivencia (en otros casos, por el contrario, provocan daños y pueden llevar a debilitar o matar al organismo que los acoge en su seno ya que lo parasitan).
Aquí mostramos dos casos de simbiosis positiva: a la izquierda, se muestran algunos protozoos ciliados que viven en el estómago de los rumiantes, ayudando a la digestión de la celulosa y otras sustancias, pudiendo el rumiante asimilar así la hierba que come ya que él mismo no tiene las enzimas necesarias para digerirla.
A la derecha, otro protozoo simbionte, Joenia annectens, que vive en el interior del intestino de las termitas, ayudando a éstas a poder digerir la celulosa de la madera con la que se alimentan. Las termitas rompen la madera con sus mandíbulas quitinizadas, ingiere las partículas y realiza una segunda trituración al nivel de la molleja. Enseguida, la madera pasa al estómago o intestino medio, donde sufre la acción de algunos enzimas; de aquí pasa a la cámara de fermentación, donde la ingieren los protozoos, que segregan las enzimas que descomponen las largas cadenas de polisacáridos en azúcares esenciales, de los cuales se obtiene la energía con la que se alimentan tanto las termitas como los propios protozoos, saliendo ambos beneficiados de esta asociación.

(medidas aprox. de cada original: 18 x 30 cm. –sin contar marco–)